Ayer oí que el término recesión es un eufemismo cuyos orígenes se hunden en el siglo pasado, tal vez incluso en el s. XIX. Lo cierto es que las oscilaciones de las economías se denominaban depresiones en sus fases de menor crecimiento (o decrecimiento), pero a raíz de la Gran Depresión (crack) de los años 30, pasó a denominarse recesión para evitar la terrible connotación que adquirió el término depresión. Posteriormente, tras las crisis del petróleo, se huyó de este eufemismo para, a su vez, ser reemplazado por un meta-eufemismo: estancamiento; la asociación de este término junto con la inflación para generar el término estanflación (desempleo más inflación) dejó paso a otra etapa en este fecundo proceso de producción de neologismos: desaceleración y también contracción. Posteriormente las sucesivas crisis que se han sucedido a finales del siglo XX recibieron denominaciones según el lugar al que se atribuía su origen: Japón, Rusia, Argentina, México (efecto tequila), Tigres y Dragones del sudeste asiático, punto com, efecto 2000, etc.
Pero este afán por quitarle hierro al asunto a base de emplear sucesivos eufemismos no conoció su zenit hasta que ZP apareció en escena, desplegando una inagotable capacidad creativa para eludir a toda costa el uso del término crisis.

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